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¿Piensas cambiarme el nombre?

Te enseñaré a apreciar la lluvia. Enero infinito, sorpresa maestra que digo al dudar en tu nombre. Algún día te daré la bienvenida al mundo. El tatuaje sana bien pero no cura. Serán las próximas diez, entiéndelo, si ya casi está perdido a pesar de todo. Será la primera definitiva, y no cura. La segunda y no cura. La tercera y no cura (atascas silencio) [Mantén el verbo]. Me enseñarás a apreciar el lago. Enero infinito, recuerdo infinito que callo al saber en tu nombre. Algún día saldremos de aquí.

Tratado trece.

Cansada de verme andaba tranquila la noche. Luces y sombras; entre amarillos prohibidos y apuestas al trece. Felinos de objetivos visibles en tratos al susto. Transfórmate.  Movimientos sacádicos acercan al límite. Tan viva, se dice. Tan vida. Creíase la magia suerte. Aprende Gala criándose entre tanta muerte. -Concluyó la obra. Golpe. Golpe. Golpe. Invítame a inventar soluciones y teme conmigo. Ojalá tropieces al entrar en su vida. Ojalá suspires y agarres con fuerza cada peldaño. Todo, todo a su tiempo. Todo a su duda, todo. Queda color para rato.

Más allá de la muerte [el espacio entre nosotros].

Fugaz. Estrella en bronce con pose de fango. Segundo disfraz. Bernini debió dejarte, ciclo. Cornaro aplaude todavía, cómo no. Pareces cansada y vivaz, audaz, aullante, ¿lees aún?. Esos ojos. Esos labios. El Ángel perdido y lo encuentras. Ángel vivido en tono pardo por tu fiel visitante. Te visten palomas, un tercio de mí. De qué sirven estas alas. Como anoche, cualquier latencia vendrá a saberte. Y qué esperabas, Ángel. Mi letanía incolora. La eterna liturgia de nunca llegar; "Gian el profeta". Gian no entiende. Gian no crea. Adopto este rasgo que me otorga nacer cerca del valle de Hunza. O quizás soy falso mito y Gian realmente comprende su obra. Esta ascensión nuestra ejecuta, y más solubles que alcanzables nuestro frío se apaga. Más allá de la muerte [el espacio entre nosotros].

Anexo I o Inapetente Prometeo.

"He olvidado todo el odio por momentos. La vuelta a casa más traidora de la última época. Tantas respuestas irreverentes.  -Llegadas con ganas de marchar. Y qué si busco todavía tu olor en mi jersey gris. No queda nada que haya olvidado a drede. Y qué si ahora recupero la ilusión de aquellas escenas. Los últimos meses no tacharán los cien primeros días. Ay amor, si tú supieras las veces que forcé callar llamarte amor. Tan imprevisto de todo. Y qué si importas más bien nada ahora. El frío golpea al hombre, no al poema. Y qué si pienso en mantener tus fotos, como fingiendo la misma amnesia de aquel reencuentro en Delicias, como todas aquellas veces que agarré las ganas de huir, dejándote vencer, temida, por cuestiones indomables. Escupiré en tu nombre mil veces y más, por tantas cosas. Le sonreiré a tus poses, por tanta gloria perdida.  -La calle no olía a cemento. El aire bailaba descalzo. Tú invisible ante los mortales; y yo tan Dios. Seré peor amante si cabe. ...

Suerte (perdona el bautizo tardío).

Recuerda las miradas a contratiempo. Aquellos saludos sin luz. ¿De qué color vestía la última vez? Un sector del público aconsejando correr. El otro gritar y borrar (correr de una forma digna). Y qué única estaba. Vertía todo a una, sintiendo a Poe en el fondo apuñalando la suerte. Cambian años en horas, se entiende. No hay dudas. Dudaba y lo sé, dudaba por ella. Besaba y amaba también a ese modo, lo sé, igual que aquel eco de gritar y borrar. Toda una vida adoptada en la cuna del mundo, para venir y renombrar el pleno universo. Cuánto poder sin siquiera saberse para vivir. Degradada a gris en imperfecto de tercera, sin nadie para verlo ni verla.
Ojalá fuera tan fácil. Ni prestigio ni alma. Ojalá fuera fácil celebrar la nueva llegada. Ojalá fuera fácil recordar el vacío.

Sol.

Si has de llevarme, deja sellada la promesa de jamás volver. Jamás lo pediré si estás. Que tu mirada atrape este mundo, atrape el tiempo; atrapa todo lo que no quedó. Eres la suerte de haberlo perdido todo. Un pulso eterno. El pulso eterno de Dios. Si he de seguirte, deja que empuje al vacío los meses sin verte. Tolera las horas despierto y sin verte, deja que sepa que estás. El mundo tuyo, la ascensión; libéralo ahora, no queramos perderlo después. No temamos perdernos allí de nuevo. Este aura eterna. Nuestra aura eterna sin voz.
Me recuerdan a ti las mañanas. Hablan del tiempo perdido y -Perdéis el tiempo culpando la suerte, y qué suerte; así volverá a tiempo.

Esta oda al recado.

Ahora que toda su vida pasó a ser holograma relatan inquietos su primera visita a París. Por algo es cíclico y acabaron con Dios. Por algo acabaría el jersey en su armario (su olor en el mío) y todos estos suspiros en el punto de inflexión. Mañana iré a verte dije. Mañana escribiré mi muerte, a tono de excusa, como siempre hicimos. Y que le explique la barrera a la desgana por qué existimos.
[Que no sea el momento no implica que no muera si no te veo.]

Genio de la muerte.

Libre del peso; qué cerca estuvimos de irnos dioses. Prisma infinito y ni aquí arriba parece tan grave. Ojalá. Había tan poco que olvidar entonces (no habías ni nacido). Olvidaste a la madre del mismo modo que ella olvidó tu esencia (qué suerte). Hablando de tí, dijeron en el parque [vuelve pronto] que el hijo de Érebo trajo mucho más a la espalda. Y tan frágil el viaje tesoro. Llegamos a puerto y, tesoro, con la mitad de ébolos solamente uno pudo partir. Espero con ansias desencadenen a Caronte [Qué dulce vives].
Evitemos la muerte de Brittany. Un mundo, sin más, vacío.

Es eter(no tú).

Aquel soplo de paz. Cállala. Son tres pasos, lo sabes. Son los años sin verte. Y vuelves. En Pascua conocen este sabor.  El salto. El paso. El silencio. Más dulce que el nombre. Se oyen voces; las ruinas de la estación más bella del alma. Bienvenida al tiempo perdido. Diecinueve años de rencor y olvido en dos palabras (que ni lo eran). Despacio, con prisas desde el inicio. Despacio. Vuela como ha de volar. 
No olvidé la calle ni el número, te olvidé. La primera fue dulce, con intriga e interés de amor virgen. La pena la traen las quinientas restantes. Maldito momento para dejar de escribirte.
Qué razones te traen. Qué razones invento para dejarte dormir. Llegaste pensando en marcharte y es tarde. La duda (y verdad) pretérita. La tragedia. Personajes del mundo. Tengo un ángel inventando fotos, un demonio de rosa que parece ignorar cualquier consecuencia en sus gestos y a tí, mi eterna Barcelona, tratando de seducir inútilmente al olvido; llamas al timbre y ya huelo tu perfume. Qué pudimos habernos dado, tesoro.

Un muro que firma "caos".

La pérdida de tiempo eterna. Suavidad en el habla colina abajo. Impresentable. Dueña del silencio puro [rogamos no tocar]. Ahora susurra, creyéndose espacio en tierra, vacío en alma. Mira como miraron ayer al dolor, calmando respirar y (suerte que vengo) rasgando partes enteras. Juez por causa inapelable. Firma con fuerza impasible el esquema de Julio. Quedan veranos para verte.

Me leo tarde.

Las cartas perdidas del tiempo. Bonita mecanografía rey, por lo menos pretendes más que muchos. Acércate y recuerda entre restos -parecen letras, cosa tuya. Hubo mensaje ayer. Ahora te ves con dudas al redactar de nuevo. Lógico. El humo pasó y no es más que humo disuelto hoy. Del negro al blanco.

Te buscaré esta noche otra vez.

Noviembre llega tarde anticipando la derrota. Un silencio, tres noches, la distancia; bellas maneras de juzgar los horizontes. Vaya nombre el tuyo.
Convénceme a ciegas. Cleopatra, ¿a qué sabe tu vida?
Ahora el nido es cementerio, la duda vida y la novedad tesoro. El pecado pasado, el silencio muerto y el grito roto claves para comprender espíritu y rumbo. Qué precio pagaría por volver a nacer contigo de cero. La muerte y la vida entre Abriles y duda, ¿cuándo naciste? ¿Qué precio?. Venecia se hunde. Sin poeta la foto es foto y la ruina tiempo a perder. Educa la razón y edúcame contigo. Hay veranos de sobra para hacer nuestro el mundo.

No la asustes [que vuele].

Se posó con holgura. Desafiante atisbaba la ley humana, esa cárcel. Con ojos de poema exacto; una vida ignorando al alma. Toda esa fuerza heredada del Diablo. Demonio del deseo por ella. Luz y sombra en sus garras. La lectura no es clara; vuela alto. Se columpia, pendiente el eterno pesar de parar y caer. Dos estrellas muertas cobran vida tras ella. Un paso en falso y marcha el licor del día.
La verdad no asusta; belleza perdida.

Si Dios volviese.

Abre la puerta y finge la sonrisa adecuada. El caché esa noche es el más alto de Europa. ¿Quién te conoce en la sala? Qué discordia prima si te alejas a cada instante. Aquella mágica obra; "La mágica duda". En el rincón donde chocan espíritu y roce amanece el mayor Sol visto, sin brillo, sin recompensa y sin alma propia. Una Luna robada del mejor verano de mi vida. Y qué si el odio ha vencido el resto de veces. Y qué importa si muero por saber la luz de tu llamada. La duda envuelve de gloria etérea el desamor en la lluvia, llena de vida.
Mi musa [mi ruina].

Noveno (y tu Sol).

Años de tregua al llegar al puerto justo. Existen dudas de si por cuenta del misterio respirar saldrá caro. La cuenta atrás la regala el demonio. Vemos si al caer la lluvia en silencio en picado salpica a tu izquierda en favor de otro mundo (y acentúa la mueca de sorpresa su travesía). Lo llamaremos vanguardia de salvación a drede, como parte de la obra vital que rechazaste. Esos ojos dulces maltratan hábilmente la duda. Cornetas y bombos destronaron nuestro noveno. Confío soportarás la incompredida manía de vivirlo a una vía (quizás desconocer los motivos hace crecer vivo al Sol).
Aquello del fuego arrasando el camino; arrástrame como ayer. El silencio a medida por ti y catedrales en el mar que no vimos. Tu verdad eterna y mi razón a medias. Tu sonrisa eterna y el amor a medias. Mejor sin terminar, suponte. Ni Cervantes ni el mejor verano que viviremos, hoy la ruina es tuya.
Recupero futuros; ayer te ví de mi mano por Barcelona.
Hoy París se ahoga entre los brazos de su impaciente madre. Los ojos que la vieron nacer los han robado por faltar la llave que cerrase ayer su casa. Mira Mona; no entiendes tu parte de culpa; hoy lo miras como (a) todos al pasar, como si el suelo que te salva y trajo al peligro (y salvador) no formase base necesaria del hogar de tus hijos. Ellos caen y tú sonríes peligrosa; trozos de metal en el asfalto.
El ciclo vuelve a empezar; no veo la llamada perdida (y el tranvía vive hacia las dos direcciones).
Esa magia. Esa escena. Esos ojos. Se perdieron volando y míralos ahora. Perdona y pausa la imagen (no es la primera vez). Huele distinto ahora que la alergia ataca sus pasos; la magia vuela sola. Sabes amar el golpe; la escena brilla sola. Se mantienen los ojos, lo sabes (el sueño agita aunque no mires). Por qué debería repetirse si mañana volveremos al estatus que nos permite el verano. Feroz, fugaz y tranquilo al marcharse. Esa lupa no capta nada. Que el barro mancha tu traje y su amor por la vida. Eva no capta nada; Eva no aceptó su nombre. Ve a mirarla a la noche que olvidó suspirar y pregúntale por la alergia que pesa en ella. La tecla del piano, el calor y el ruido no la dejarán estar acompañada. La presión hecha echada al chasquido demoledor. Eva no entiende que el tiempo muerde. Igual la alergia no cura; cuéntale los detalles del alma. Seguimos girando a la misma hora; es algo que Eva no entiende; la calma no existe.

Pues eligieron mi nombre.

El centro de la ciudad abrazaba un silencio no correspondido. La anterior tormenta y el hombre Sol dichoso, como esperando unos ojos sin hambre entre tanta pobreza, brillantes por sí solos al mirarla vacía y bella como nunca. Un suelo básico de paisaje; un "suelo" básico de compañía temporal. El paso orquestaba la sinfonía; la opacidad del relevo y la estación por aquello de vivir sin quererla. Es fácil recordar el color de la sombra todavía, este Enero aplazado por sus prisas, sus rectas sin desnivel. El empujón y la orden de nueva calma; no hay posible llamada en su cuento. La novel tormenta soplando velas mojadas, creando el material que forma el huracán de tus ojos; la vida.

Dijeron que volverías.

La presión es de aquellos días. Golpes caducos de suerte definiéndose como verdad absoluta; no habrá paz hasta próximo aviso (toda decisión es ruina).

Felicidades por el diploma.

Me mata el deber de salir a buscarme, los dos años en Saturno y la piel limpia por tachar que luzco. Me salvas a veces pero no sirve; me salva la luz del poeta y sus redes. Os salva el sinsaber de sabores sin nombre que todavía nacen. Me vive algo más el peso si queda marca al largarse, como versos de una estación a la fuga; como besos de una semana de promesas compradas en mi vieja calle. Entre mentir y salvarte de mí, de formar parte o ser parte. De nada sirve nada si lo piensas, aunque no sienta dar las gracias si no lo cumples dentro. Ese contrato con el tiempo perdido, la paz y el final feliz que dan los días inacabados. El mundo que crece con cada paso hacia él. Estabas lejos, demasiado, como para entender los problemas de la parcela, de la calle, del barrio, de los puntos suspensivos que regaló el mediodía o de cualquier sinrazón a drede, porque no hay razones para odiar la Luna ni esa nube en forma de caricia inexperta. No la despiertes porque no sabrá enamorarse si le enseñas;...

(Por aquello del alma).

Asombra la vejez del alma más bella de esta esquina. Levanta la mano con la sonrisa propia del "seguro que llego tarde, pero me esperan". Bendita seas, -pensaba que ni vendría-; asoma el claro (pensaba que ni vendría). Bañándose en su contorno aletea el brillo de su sombra la vida, como invitándonos a sernos noticia por sobrevivir. Dice ser dadáista, y lo demuestra huyendo. Rezo sin saberlo por los días que te vas y te veo, aplaudiendo el regalo, y por los restos que dejas cuando estás invisible en el suelo. Lejos del cambio de noche mía a noche tuya, entre el recado que aún dejas y el recado que dejo si me lees. Igual sí merezco ser noticia.

Anónimo (al final).

Oda por aquel verso en negro al silenciar los cuatro puñales rotos; la luz del rebaño al imitar sin espíritu tu luz. Aun cayendo caes del cielo (almenos en buenos ojos) a esas manos impropias de análisis incorrecto. No pases la noche así.

La peor versión de Enero.

Dos segundos que quiten el frío. Igual eligieron malas fechas para cambiar de año. Un margen contextualizado acerca de cómo arreglar sus horas sin apelar a la nostalgia ignorante. Este segundo puesto por encontrar la voz; ralentizo salvarme. Me creo aquello del balance a medias mientras sueño sólo en nuestra prematura ruina. Decoro las viejas fotos a medias mientras sueño solo en ese joven antiguo palacio. Los claveles que adornen sin luz no son bienvenidos, grites o no aquello en las mismas fechas. El frío de entrada y signo que queda fuera ahora. Luces interesante reina a pesar de todo.