(Por aquello del alma).
Asombra la vejez del alma más bella de esta esquina. Levanta la mano con la sonrisa propia del "seguro que llego tarde, pero me esperan". Bendita seas, -pensaba que ni vendría-; asoma el claro (pensaba que ni vendría). Bañándose en su contorno aletea el brillo de su sombra la vida, como invitándonos a sernos noticia por sobrevivir. Dice ser dadáista, y lo demuestra huyendo. Rezo sin saberlo por los días que te vas y te veo, aplaudiendo el regalo, y por los restos que dejas cuando estás invisible en el suelo. Lejos del cambio de noche mía a noche tuya, entre el recado que aún dejas y el recado que dejo si me lees. Igual sí merezco ser noticia.
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