[Ni un verano sin despedidas.]
Y qué alivio volver. La puerta con doble vuelta y una extraña nueva calma ante la falta de costumbre. Ni tradiciones rotas ni cuentas saldadas; la misma sombra nace de luz. Y esos fantasmas jamás dejaron del todo claro cuántos silencios acompañaron las grandes noches de baile y pasión. Y qué alivio querer volver. La certeza de que ahora existe punto de fuga en cada letra hasta el punto final. La certeza de que el derrame es puro; de que solo existe cuando se deja ver [ahora]. De que el camino de vuelta no implica otro sacrificio más; estoy tratando de hacer corta la vida. (Le he escrito varias cartas y parece que por fin lo entiendo: que no hace falta que me entienda, que soy libre.)