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Mostrando entradas de febrero, 2015

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¿Sabes de cielos verdad? Háblame de ellos.

Dios se volvió títere [la emboscada del timbre].

Ahora alejas y acercas ondas sin pudor. Crees irresistible (y algo más) aquella sombra. Ritual sin pena. Áspero el llano. A diez horas de saberse silencio silbaba. Todo está en su sitio, creo. Que no existe luz adecuada. La fotografía quedó pequeña a su vera. ¿Sabes crear la vida? Calma. El poeta ha muerto. Agota agitar el llavero. Suerte. Y eso que amenazaron siempre con aquello de perder sus trenes.

Cierra la puerta.

El momento concreto en que miramos la encimera y, adultos aturdidos, comprendimos que lo único que quedaba sobre ella era tiempo. Los siglos siguientes fueron algo más duros.

Aunque no cambies de nombre.

Despierta el eco lejos. Estoy dispuesto a morir con tal de salvarnos en algo. Miento. Señalo el gesto. -Miente seguro. Mientras el símbolo de la razón permanece como tal, quizás sea la mezcla de aire y sal redondeando el contorno lo que atrae este trance infinito. Y miento. Ojalá fuera infinito. Estoy dispuesto a matarnos con tal de salvarte del mundo [esta y mil veces]. Aunque no cambies de cara.

[Apunte.]

Remitente muerto. Lo sabe. Ni tempestad ni luz. Las diez noches siguientes salvarán al Partenón. Cree Atenas en la vida todavía. Se saludan airados. No hay vecino que reniegue de su templo. Díganle a Morosini lo que piensan de su gesto. Expliquen a Elgin cuántos restos son soñados.