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Mostrando entradas de octubre, 2013

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Que nadie va a venir a visitarme esta noche. Acaban de nombrarla dueña del silencio a gritos nunca dichos (y no El terror de creer no estar andando solo). Ni tapándose los ojos conseguirá ver nada.

Y Vers con él.

No quiero comprenderte. La luna es todo cuando llega la noche, y estos pasos a oscuras me devuelven a aquellas que temí y acepté, que acepté sabiendo esto. El mundo cae mientras palpo cada esquina con la fe que regalé, a un ritmo ensordecedor, que reconoce cada golpe como nunca. Te echo de menos como nunca, ahora que todo es como siempre temí que fuera. Dios ha vuelto.
Como viajando sin miedos a la estación que marque Dios. Aquí no queda nada memorable ni nada que olvidar, no hasta que suene la repetitiva canción que abra el camino al camino. Esas caras sin nombre. Esas vidas sin nombre. Esa ruta marcada que grita cómo odiaron. Tanto ayer y tanto mañana que libra el peso hoy, porque Dios decide reflejarse en tu parada, y Dios jamás pudo compremeterse a nada. Hoy la vía callará.