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Mostrando entradas de agosto, 2013

Metamorfosis (y tú mirando).

Siéntate conmigo hoy; la luna nacerá esperando el silvido adecuado. Ni esquinas ni vacío, existe ya, solo siéntate conmigo y susurra nexos. La piel eterna del nuevo aplauso innecesario.
He hablado de ti más que de nadie, y es facil que no te llegue a conocer nunca. Espero sentado donde ya sabrás. Dime aquello que ignoro todavía, espero sentado donde ya sabrás.

Luces de faros.

Cero aciertos si firma la balanza. Sigues siendo la única luz que deja soñarse desde dentro para que, sin saludo de vuelta, aprenda al detalle cada gesto y mirada (de repetirme tus fotos). La balanza está rota sin rencor por tu peso en ella. Mide en negativo cada día y noche. Faltas siempre. La corteza de ese árbol no eligió ser tallada.

(No)

Hoy no cabe el alma. Deja un hueco en ese estante para algo que no seas tú, si te acuerdas. La lista apunta planes de palabra. No lince.

La despedida sí.

Apenas queda inspiración para Brunelescci y su cúpula máxima. La fuente volverá si ha de volver. La ciudad descansa boca abajo, con fe sin aplicar. Aquellos que amaron Florencia y la trataron de propia observan la llegada, el saludo; pero el saludo es atemporal, y la llegada no aparece marcada. Septiembre.

Y otras se para el ruido.

No es marzo. No es octubre. No es enero. Negadme entonces que comprenda las respuestas. Todo el desorden a medida para esto, para que vuelvas. Y me grita el tercer verso que no le ignore. Te tengo en cuenta, la hiciste eterna, no es mi culpa. Añado: las cifras jamás soñarían el trato que te guardo. Ha cambiado todo tanto que todo es poco si te giras; pero es tan fácil a veces.