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Mostrando entradas de mayo, 2015

Un entrañable suspiro constante.

Con poco que dijese el día hubiera sido suficiente. Nada. La sincronía que aún vendo.
Decidieron salir a buscar la paz; reír, jugar, correr y demás patrañas inspiradas por la música ambiente. Apagaron las luces. Los dulces amagos de talento y proezas memorables en muerte temblaron. Desde los pies hasta el último cabello de sus cabezas. Y míralos ahora.
El radio infinito del infinito marco que acompaña. Lo oculto en él. Lo sensible. Y es fauna y palabra y sabor. Y sabe a algo ese azul que rodea. Y saben algo del azul que acompaña. Y ese misterio tangible. Si acaso dos salmos, tres almas y encanto divino perpetuo, en su nombre. Y se travieron a inventarse un nombre. Contempla y somete la vida a su obra. Y escupe si quieres. Es tuya la obra. Y escupe al hombre y la orden. Es tuya la obra. Y promete. La resolución del séptimo atardecer. El valiente invento del siglo XXI (o de una cifra más oportuna).
Y si volviera a nacer todo sería del mismo modo. Lo sé. Y si no fueras. Dios, si no fueras.

-Preciosa la escultura.

Saltar. Contemplar a la caída cada verso escrito. Cada silencio en esta eterna brevedad atemporal (y sentir el vacío tirando de nuevo hacia la cornisa). Descomponer en el trayecto toda herencia humana. Comprender la caída. Un mal cálculo. El universo es un mal cálculo de un Dios que ni navega ni dejó navegar a tiempo. Barcos sin océanos y mares vírgenes colonizados por invidentes enseñando el marfil (llamémoslo así) de una mañana de inspiración mal vendida. El descanso de las tres y cuarto es el mayor poema que jamás escribió el capitán. Y lo acompañaron con aplausos.