-Preciosa la escultura.
Saltar.
Contemplar a la caída cada verso escrito. Cada silencio en esta eterna brevedad atemporal (y sentir el vacío tirando de nuevo hacia la cornisa). Descomponer en el trayecto toda herencia humana. Comprender la caída.
Un mal cálculo. El universo es un mal cálculo de un Dios que ni navega ni dejó navegar a tiempo. Barcos sin océanos y mares vírgenes colonizados por invidentes enseñando el marfil (llamémoslo así) de una mañana de inspiración mal vendida. El descanso de las tres y cuarto es el mayor poema que jamás escribió el capitán. Y lo acompañaron con aplausos.
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