[La segunda parte de una carta trágica desde el comienzo.] Aún guardo el secreto de los no se cuántos siglos sin ti. De los segundos entre que naciste y te vi crecer a escondidas por no se qué de llegar con el pasado a medias. Con el consuelo de esta mecha profunda de difícil alcance te hablaré de los silencios y de lo improbable de darles nombre; silencios rotos de algún modo con intención de evitar en parte mi muerte, ahuyentar el hambre y comprender las ganas. (Si aún tuve dudas, por favor, que nos salven.) La pequeña nación que ideé. Una nueva vida compuesta de puntos medios. He tenido siempre un don con las despedidas. Voy a cuidarlo, por si no vuelves. Tenerte en la mesilla los segundos suficientes.