Está presente el rayo y está presente la fe. El cambio es de quien supo anticiparse y olvidar el método. Hubieron ido a buscarla seguro, pero es mi lustro. Míralo almenos.
Tú. Sí, tú, musa resignada a olvidarme. Háblame de escombros donde ayer hubo historias que contar a algún don nadie. Seré tu epígrafe, tu fin de fe, como aquel. Dime que soy nombre. Dime que esas gradas aplaudieron solamente cuando hubo sentencia. Dime que hubo sangre almenos. Estaré soñando a la deriva que aun sigues pasiva, por lo menos. Que aun sigues siendo correspondida, por lo menos. No busqué encontrarte. Belleza perdida con la belleza perdida. Ayúdame. Ayúdame.
Vertido del todo, vertido en nada. Otro rallo más que toca el suelo y huye, esperando no ser respondido. Esperando un acierto, un pleno. Vertido en versión harakiri por tu idioma. Muérdeme en ese otro acento. Quizás el plan, quizás el momento. Quizás el plano, el calor, el color. Lo extraño ha vuelto, como aquella vez. Vuelve ese Octubre, como la próxima vez.
Tras la mitad fue el todo. La duda. El desafío de cambiar solo lo nuevo. El desafío de reescribir la nada. Improvisar la escultura más pura. A oscuras de su ayer. A oscuras de su nana. La flor del fin del ciclo muerta, renaciendo con la ausencia del génesis, del Dios que le dió paso. Concédele la foto al fruro. Concédele el momento al hijo.
Andemos entre quizases y quereres. Susurrémosles. Hablemos de prometer y contestar. Hablemos de vida. Su vida. La vida. Hablemos de brisas, de soles y atardeceres. Hablemos de soledad. Hablemos de no hablar. Dijo una musa que era distinta. Era otra más, pero inspiró su error. Marca un tanto y arrebátame mis ganas. Dame mis ganas, musa. Andemos por andar. Abrí la bolsa y cogí sin mirar. Eso es la vida, su vida. Interrumpamos cuando calle. Vivamos por vivir. Juguemos, musa, juguemos.