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Si quedase algo por escribir que mereciera la pena. El holograma de la forma de ese cuerpo no ha logrado adentrarse en mí. La quise de una forma tan pura que cualquier contacto con la tierra lo echaría todo a perder. A qué vinimos entonces. Soy incapaz de tratar la emoción y a quien la provoca de la misma manera. Mi devoción por el amor que suscita y la falta de afecto ante esas leyes. Ojalá supiese amarte de la manera que preparé para ti. [Confío en que la Tierra guarde la forma que le diste].

Corazón, tesoro, cielo.

Y de este juego. La herencia y el roce. Desconocer las prisiones y dejarse ambaucar por alguna nueva apertura. Los aledaños perdidos a pesar de la crecida embergadura de este amar. El sopesar sin atreverse a rogar respeto por ese cielo. Y es que nos quisimos tanto en ese cielo. Ahora a qué sabe. Te volveré a ver y el cielo será la cuna de nuevo. Creo en ello. Creo en la vida y en amarte a lo largo de toda ella. Me sentiré en mi hogar cuando llegue a casa y ocuparán parte del epitafio esos años. Es el único plan vigente. Y volveré a rezarle a esas fotos con el alma que les robé. Porque mi desgaste no es daño, ni cicatrices, ni dolor. Ojalá pudiese aclarar su daño, sus cicatrices, su dolor. [Soy solo angustia - jamás fui muerte.] Y el poeta existirá hasta que la linea se vuelva círculo, incluso algo más. En ese punto (donde es conocido el ruido pero jamás se materializó) empezará la vi...

E hijos.

El poeta ni ha muerto ni ha marchado a ningún otro sitio. La mansión desordenada por las dudas de si mereciste el daño, el compás o el sinvivir de desconocerte. Limita parte de pulso no saber si volverás o si realmente estuviste alguna vez.  ¿Cómo no ibas a estar? La clemencia de esos ojos al mojar en la prisa sus pies se mantiene intacta. No falta ni un detalle. El poema jamás se fue. Quizás el tiempo que pasamos sin él fue la muestra más cercana de vivir entre este ruido. Porque el ruido es innegable. Estuvo a punto de palparme el otro día. Su palma cercana al blanco puro. Sus años de sabor. La melancolía de tenerlo tanto y  tan poco. Ese pulso. Su palma cercana al dolor más intenso. El encargado de descomponer la humanidad y darle forma. El mayor valor al silencio y a su ausencia. Firmaría ahora mismo por no haberlo conocido jamás. Por no haberme conocido estos años. Esta vida. El límite en calma. La obsesiva canción. He nacido para evitarte.
"Todo merecerá la pena con tal de recuperar lo que podamos ser."
Ha estado volcándose la noche en torno al golpe carente de energía. El denso y sutil reproche y la agonía en primicia de dios-sabe-qué nueva norma, la misma ausencia de tinte que acompaña la falta de vuelco [y no atender la última]  en este espacio diáfano. En esta tempestad diáfana de auténtico orden en caída. Mientras ella hablaba de lo mal que hice su foto.

C.

[Haz que merezca la pena morir por ti].

Cualquiera (esa calma).

El eterno abril del desconocido punto de partida. La sílaba confusa siguiente al [se] perderán. Dos tercios de alma en cada roce [olvidado]. Dos cuentos malditos de obligada admiración. El enfermo palpar de la oda, esta vida desnuda y el arrope banal. Si olvidáramos más, tesoro. Si volaran detrás [aquí están]. El nuevo nombre de la misma cornisa y su inquietante manierismo [acabas de llegar -Que está segura y le creo]. Dos daños de más y esta fuente cobrará su tercera parte. Es preciso educar al instante correcto

Quizás, 3.

La prisión en volátil escena. Este espacio diáfano, el fuego y las armas escondidas. La lluvia en los ojos del hijo sagrado [que ni la tempestad lo fuera]. Ceniza debió nacer y no estas flores. El Dios fuego y su muerte.
La aventura tranquila entre este hábitat y el hábitat divino muerto. Los ciclos por colonizar y las jaulas por descubrir, describir y padecer. Descripciones en lenguas frágiles, entre islas míticas y enfermedades de igual brillo. El valor de la muerte y el precio de la vida en sus manos. Las armas del hijo indeseable deshonrado por quien ya no tiene voz. Eras espejo de algo mejor. Ahora sin fondo el cristal no embellece tu adaptación. Pareces nacida en su tierra.
La fuerza cretina. Otro palpitar así y acabaré traduciéndote cada uno de mis miedos. [Filólogos y audiencia.] Nos necesitan.
Eran todas las razones. El pleito, la canción y tres libros de atracción nula abanican ese emblema. Qué pequeño se nos hizo todo. De haberse quedado lucharía de igual modo el diablo contra este afán de hacerla innecesaria. Porque caer no es ni de lejos la peor decisión que tomaron en su nombre. El peso de dejarnos solos, como todo el tiempo desde que marchemos [no por horas] y este nuevo peso en dirección opuesta. Un despegue lento y la mesilla llena.

Desaprenderte [este plan maravilloso].

El principio elocuente. Un temple curioso y veinte malos tragos en progresión (y sin pausa definida). La sorpresa de fin de año. "Cuántos más sin frío", de modo dudoso, reza el antiguo trabalenguas. El marco resultó limitar la obra completa de aquel viejo. Por su manía de callar los gritos; tantas dudas y arranques de euforia. Ayer te guardé en la mesilla. Hoy te leo. Ayer te leía y tus ojos justificaban el público que rechacé alimentar. Hoy te acuerdas de poco. Club de locos [arranque]. Y otro de nuevo. No apetece sentir pero siento. No hay dolor ni presión ni dudas. Hay un pulso eterno entre el amor y hablar de él, entre amarte y ansiar amar esa sombra [quizás te robe hasta el nombre] con tal de ofrecerle a esta vida lo que me roben sus lunas. Entre el temor de saberme temeroso de caídas. Entre este aroma a azufre que colapsa el polvo al acercarse a la cima [y esa cima relativa]. Apesta a amor sin saber amar...
No pretendas convencerme ahora de que el dragón pudo contigo. No permitas a sus hijos ablandar la gesta.
[O quizás solo sea un recuerdo mal traído.]
Ni hielo ni café. Tan siquiera hora exacta. Alguien voló demasiado y lo dejó ver como algo poderoso. Objetivo, ya. El error de imitar a ciegas otra Fe vacía [o venderse al postor de mejor copa]. Y tan sorda. Podrías dejarme escapar, como prometiste. Lo primero en perderse es la letra.
El hielo del café de las doce y tres. La vibración ambiental deja entrever una fiesta constante. Una tregua unilateral. La guerra y los gritos del alma sin buscar.
El hielo del café de las cinco y trentaialgo. La prisa irremediable de este peso por buscar un recobeco. La astucia de fundar instituciones defensoras del refrán primordial. Y esta suciedad por sistema, por semana maldita a beneficio del remar. Otro sendero a atravesar fijando ruta. Es cuesta abajo la cara y cuesta abajo la cruz. Porque "no merezerá la pena" es un eco envidiablemente bello. Porque romperlo, deshacerlo y recomponerlo de cero tampoco merecerá la pena. El eco primordial que incumplió Dios en primicia. Así que eso. Camina.

Por si jamás vuelve [la vida].

Diez mil descansos y la fuerza suficiente para saber darles uso. Los años de avisos. El perfume que oculta este cuarto. El escenario era ella y los dos uno. Frío y calor. Con o sin sabernos algo más que materia y antiguo vapor en pleno ciclo, de vuelta al río y de paso acompañando el recital. Contará las partes que dejamos al romper los ojos del plan. Y esta pasión. Apenas un balanceo vertical. La síntesis infinita y un esbozo adecuado de cara a esta tesis vital, en un maldito balanceo vertical. -El porcentaje del todo que ocupamos en calcularlo. Y borrar el cálculo.

Este gran poder.

El cuerpo eléctrico. Hablaban de mitades sin puntos de unión entre sí. Terminaremos por romperlo todo.                                Y volveremos después para descubrirles el fuego.

Tonterías de ceder espacio.

El descorchar por lo puro. La ciudad se ha vuelto algo menos transitable. Especial mediocridad. Cuenta los pasos a casa. Baila en menor medida, menos noches. Se arregla bajo mandato. El ámbar es creíble. Terrores puntuales son jaula irrevisable. Qué cansado ver nacer tal nuevo alma familiar. Escóndelo. El pive del cuarto solía mirar hacia otros valles. Y lo sabe [hacer]. El pive del cuarto se describe y suelta. La nostalgia de valles secos por tiempos indispuestos. Sabe oler el invierno a tiempo. La parcialidad del trabajo más importante de su vida. Deja saber a la serpiente que, en parte, todo hombre cree en su suerte. La parte cedida. La parte inherente. El resto concluye de igual modo. En suma; sigue siendo fácil la vida.

Un entrañable suspiro constante.

Con poco que dijese el día hubiera sido suficiente. Nada. La sincronía que aún vendo.
Decidieron salir a buscar la paz; reír, jugar, correr y demás patrañas inspiradas por la música ambiente. Apagaron las luces. Los dulces amagos de talento y proezas memorables en muerte temblaron. Desde los pies hasta el último cabello de sus cabezas. Y míralos ahora.
El radio infinito del infinito marco que acompaña. Lo oculto en él. Lo sensible. Y es fauna y palabra y sabor. Y sabe a algo ese azul que rodea. Y saben algo del azul que acompaña. Y ese misterio tangible. Si acaso dos salmos, tres almas y encanto divino perpetuo, en su nombre. Y se travieron a inventarse un nombre. Contempla y somete la vida a su obra. Y escupe si quieres. Es tuya la obra. Y escupe al hombre y la orden. Es tuya la obra. Y promete. La resolución del séptimo atardecer. El valiente invento del siglo XXI (o de una cifra más oportuna).
Y si volviera a nacer todo sería del mismo modo. Lo sé. Y si no fueras. Dios, si no fueras.

-Preciosa la escultura.

Saltar. Contemplar a la caída cada verso escrito. Cada silencio en esta eterna brevedad atemporal (y sentir el vacío tirando de nuevo hacia la cornisa). Descomponer en el trayecto toda herencia humana. Comprender la caída. Un mal cálculo. El universo es un mal cálculo de un Dios que ni navega ni dejó navegar a tiempo. Barcos sin océanos y mares vírgenes colonizados por invidentes enseñando el marfil (llamémoslo así) de una mañana de inspiración mal vendida. El descanso de las tres y cuarto es el mayor poema que jamás escribió el capitán. Y lo acompañaron con aplausos.

Lucha de gigantes (versión).

La banda sonora de las cinco de la tarde en plena metamorfosis (sin carteles de peligro). Enclaustrada ella y liberada el alma [y otros factores que tienes derecho a conocer, por supuesto, andas leyendo mi tesoro; recordé a aquellas horas una frase escrita al error en un tema escrito al error, psicólogos advierten, ellos sí, de la relación natural (creo incluso mágica) entre sensación y recuerdo oculto, (inconsciente ama al nervio)]. Jamás creí aquello de que aceptarlo haría menos temible el miedo. Soy una jodida criatura a estas alturas de la tarde (la vida). Acompañado de las, creo, últimas palabras de un ermitaño hoy mudo. Miento de nuevo. Acompaña, además, esta banda sonora humana y un palpitar constante de tu nombre. Algo anuncia la posibilidad del dolor temido en tan temprana esclavitud ante tu ausencia, y lo anoto, por mí y por mi sentido. Avisos para el futuro (del futuro). Dispones del arma ahora. Estoy aquí. Bautismos y alegorías, repito sin darle forma. Supo...

Dioses en tu bloque.

Autor y público en unánime apertura al mundo. Difícil papel la omnipresencia del hombre.

Incendio.

La mínima parte de aquella esquela habría sanado lo suficiente. Solamente debía ser puesta en pie, sobre cualquiera de sus superficies, y alabada. Porque nada, mírala. Se acabaron los versos.
Ventanas anoche, ¿me sigues? Aquel palpitar simultáneo justificará la muerte. Como si todo fuera alegre, ya sabes.

Dirección (sombras tampoco).

La vista cercana al olvido (sonidos te traen, resulta constante). La visión era ténue siempre. Él giraba y cada punto en él giraba. Era el ciego escuchando el eco, sin meta. Sin hacer y sin deberse. El paso era paso. La visión será sangre espero. Los giros saben algo amargos. Infinitos se unifican. Tesoro es punto y pausa es camino en su búsqueda. Las horas son sabias.

[Apunte cuatro o Filólogos con hambre.]

Cada página en blanco contestaba a una cuestión. El imperio y sus dulces. Invasiones por honra. Sístole y diástole, compañero. Los diecinueve veranos y los cinco libros. Las tres novelas y la fábula de fondo (parábolas en años). Nos seduce el misterio                                  (hay fotos desafiantes). Cada verso es desafiante: la retórica en los ojos del demonio que te trajo, en tus ojos. Silencios en un moderno esperanto.                                  [Filólogos con hambre].

[Apunte tres.]

“Murales en nombre de Dios.                                              Escríbeme al llegar. Estaré en el mismo lecho de siempre, observando con calma el nuevo mundo, como si la vida al observar lo fuese (aunque el paisaje sea más paisaje que observación con tu huida).                                                 Deja que llueva por siempre. Aminoren giro y palpen eje. Separen tacto y materia mientras dure el saludo. Háganle ofrendas a la eterna despedida, dios, y dejen a la lluvia reparar el proceso (porque es suyo). Porque fuimos suyos. Al acecho religiones ansían imposición. Silencio.       Es mucho más salvaje que cualquier guerra. Y más sublime. -¿Por qué caer si te quedas?-Me dijo. Porque alejarse es el modo ...

Veinte de Marzo.

Ni una sola escultura en el palacio Real. Los jardines florecen en magia, sin arte. Belleza muerta en su origen. Recapitulan dos ancianos al pasar, de nombre similar a nada en absoluto, acerca de tiempos. Lo verán al volver y dirán al marchar. Sueños de eterno retorno. Sin ojos ni verbo sabríais leer lo mismo. Cualquier caparazón sabe decir "poeta".

-

¿Sabes de cielos verdad? Háblame de ellos.

Dios se volvió títere [la emboscada del timbre].

Ahora alejas y acercas ondas sin pudor. Crees irresistible (y algo más) aquella sombra. Ritual sin pena. Áspero el llano. A diez horas de saberse silencio silbaba. Todo está en su sitio, creo. Que no existe luz adecuada. La fotografía quedó pequeña a su vera. ¿Sabes crear la vida? Calma. El poeta ha muerto. Agota agitar el llavero. Suerte. Y eso que amenazaron siempre con aquello de perder sus trenes.

Cierra la puerta.

El momento concreto en que miramos la encimera y, adultos aturdidos, comprendimos que lo único que quedaba sobre ella era tiempo. Los siglos siguientes fueron algo más duros.

Aunque no cambies de nombre.

Despierta el eco lejos. Estoy dispuesto a morir con tal de salvarnos en algo. Miento. Señalo el gesto. -Miente seguro. Mientras el símbolo de la razón permanece como tal, quizás sea la mezcla de aire y sal redondeando el contorno lo que atrae este trance infinito. Y miento. Ojalá fuera infinito. Estoy dispuesto a matarnos con tal de salvarte del mundo [esta y mil veces]. Aunque no cambies de cara.

[Apunte.]

Remitente muerto. Lo sabe. Ni tempestad ni luz. Las diez noches siguientes salvarán al Partenón. Cree Atenas en la vida todavía. Se saludan airados. No hay vecino que reniegue de su templo. Díganle a Morosini lo que piensan de su gesto. Expliquen a Elgin cuántos restos son soñados.
Explíquenme la excusa a exponer, ¿nadie ha soñado con su alma todavía? El talento espiritual catapultado hacia el centro, sin luz ni voz. El golpe contra un suelo invisible, el empujón previo. El dolor de saberse dolor en amar.

Visión.

El alma no es problema. No crea dudas ni vanguardia. El problema es presupuesto. La tuya me señala airada, rompe y destruye. La burbuja acaba de morir.
Loterías; caer si te elevas.

[Acuérdate del día]

Berlín es occidental (la materia descompuesta). Volverá, no lo esperes. El tumulto arrollando con su sombra. La línea recta indiferente, el sello que comulgan consagrados piratas contemporáneos, el sí y el no, la exageración del entendimiento sin comprensión. Y se pregunta un soldado si es relevante comprender, en silencio, creyéndose Bastilla y temor ajeno. ¿Qué mentira eres hoy? Y lucen el parche. El tercero de la avenida Madrid sonríe, sabe algo. Sonríe creyendo que el color borgoña del suyo es más limpio, lo cuida. ¿Pero cómo no va a cuidarlo si es su vida? El temor de perderlo los transporta a la deriva. -Soldado, persigue, te guío. Soldado posee el amuleto necesario, aprendió pronto. Soldado aprendió para luchar. Volverá. Estás preparado para dar ese paso, lo entiendo. Serás Dios el tiempo suficiente que tardes en pulsar y huir. No acapares, no engañes, Dios jam...
Caer para siempre. Latencia adecuada, ¿dónde llegaremos? Mantén los sueños ocultos, por favor. ¿Recuerdas su voz en el cielo? Apenas trabajas en traerla, espero algo más. Ya puedes rendirte a sus pies. ¿No te ves en el cuadro verdad? Qué prisas. Niegas ser madre (el universo es un recién nacido). Por qué sonar (sin saberlo) a dos voces.