Desaprenderte [este plan maravilloso].

El principio elocuente. Un temple curioso y veinte malos tragos en progresión (y sin pausa definida).

La sorpresa de fin de año. "Cuántos más sin frío", de modo dudoso, reza el antiguo trabalenguas. El marco resultó limitar la obra completa de aquel viejo. Por su manía de callar los gritos; tantas dudas y arranques de euforia. Ayer te guardé en la mesilla. Hoy te leo. Ayer te leía y tus ojos justificaban el público que rechacé alimentar. Hoy te acuerdas de poco. Club de locos [arranque].

Y otro de nuevo. No apetece sentir pero siento. No hay dolor ni presión ni dudas. Hay un pulso eterno entre el amor y hablar de él, entre amarte y ansiar amar esa sombra [quizás te robe hasta el nombre] con tal de ofrecerle a esta vida lo que me roben sus lunas. Entre el temor de saberme temeroso de caídas. Entre este aroma a azufre que colapsa el polvo al acercarse a la cima [y esa cima relativa].

Apesta a amor sin saber amar.

Hoy con la inicial absurda. Y que sea.

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