[Acuérdate del día]

Berlín es occidental (la materia descompuesta).

Volverá, no lo esperes. El tumulto arrollando con su sombra. La línea recta indiferente, el sello que comulgan consagrados piratas contemporáneos, el sí y el no, la exageración del entendimiento sin comprensión. Y se pregunta un soldado si es relevante comprender, en silencio, creyéndose Bastilla y temor ajeno. ¿Qué mentira eres hoy? Y lucen el parche. El tercero de la avenida Madrid sonríe, sabe algo. Sonríe creyendo que el color borgoña del suyo es más limpio, lo cuida. ¿Pero cómo no va a cuidarlo si es su vida? El temor de perderlo los transporta a la deriva. -Soldado, persigue, te guío. Soldado posee el amuleto necesario, aprendió pronto. Soldado aprendió para luchar.
Volverá. Estás preparado para dar ese paso, lo entiendo. Serás Dios el tiempo suficiente que tardes en pulsar y huir. No acapares, no engañes, Dios jamás disparó.
El punto de vida adecuado y grita entusiasta, cree haber descrito alguna propiedad perdida del helio. El infinito queda igual mire hacia donde mire, ahora.
Piratas y soldados tuteándose, sintiéndose ofendidos por algo del protocolo. No pretenden comprender, la lupa no está en su mano.

El cruce. La caricia hecha golpe. Tienes la clave, el punto. La caricia concreta, el momento adecuado. Dos años y me traes hasta aquí. El Vesubio no ha muerto ni lo pretende, dejad de mirar. -Jamás pensé en avisarte.

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