Como viajando sin miedos a la estación que marque Dios. Aquí no queda nada memorable ni nada que olvidar, no hasta que suene la repetitiva canción que abra el camino al camino. Esas caras sin nombre. Esas vidas sin nombre. Esa ruta marcada que grita cómo odiaron. Tanto ayer y tanto mañana que libra el peso hoy, porque Dios decide reflejarse en tu parada, y Dios jamás pudo compremeterse a nada. Hoy la vía callará.

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