Felicidades por el diploma.
Me mata el deber de salir a buscarme, los dos años en Saturno y la piel limpia por tachar que luzco. Me salvas a veces pero no sirve; me salva la luz del poeta y sus redes. Os salva el sinsaber de sabores sin nombre que todavía nacen. Me vive algo más el peso si queda marca al largarse, como versos de una estación a la fuga; como besos de una semana de promesas compradas en mi vieja calle. Entre mentir y salvarte de mí, de formar parte o ser parte. De nada sirve nada si lo piensas, aunque no sienta dar las gracias si no lo cumples dentro. Ese contrato con el tiempo perdido, la paz y el final feliz que dan los días inacabados. El mundo que crece con cada paso hacia él. Estabas lejos, demasiado, como para entender los problemas de la parcela, de la calle, del barrio, de los puntos suspensivos que regaló el mediodía o de cualquier sinrazón a drede, porque no hay razones para odiar la Luna ni esa nube en forma de caricia inexperta. No la despiertes porque no sabrá enamorarse si le enseñas; que el Sol la bese primero (todos los fallos son aciertos).
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