Hoy París se ahoga entre los brazos de su impaciente madre. Los ojos que la vieron nacer los han robado por faltar la llave que cerrase ayer su casa. Mira Mona; no entiendes tu parte de culpa; hoy lo miras como (a) todos al pasar, como si el suelo que te salva y trajo al peligro (y salvador) no formase base necesaria del hogar de tus hijos. Ellos caen y tú sonríes peligrosa; trozos de metal en el asfalto.
Diciembre, tesoro.
Quiero sentir un deseo fuerte. Quiero anhelar, odiar mi vida cada minuto que no lo tenga entre mis manos. Algo brillante al fondo del camino. Reconvertir la pena residual en algo valioso. Darle valor a los días de tregua y saber amar, abrazar, querer; aceptar cada juguete nuevo como algo único que llega y marcha. Amar el intervalo entre que llega y marcha, que no se rompa, que pueda seguir después y que pueda valer tanto o más después. Amar el intervalo que nos quede aunque no quede. Si lo tuviese claro le daría nombre al sabor, a la luz. Si solo de pensar en la muerte y en odiar sentir el pasillo tan grande. En el espacio tan infinito. Este rincón tan infinito. Estoy cansado de demorar contar los sueños, si todo intervalo nace muerto. Estoy cansado de olvidar contar los sueños si todo es gloria o parricidio. Si los nenúfares huelen a la misma muerte, y qué sé yo de la muerte. Qué sabe el viejo de la muerte. Qué sé yo del sabor de nada, si cada intervalo nace dentro del anterior [...
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