T.S.H.A

Aquel árbol que odiaste tanto y todavía recuerdas sabe lo que echo de menos aquellos días. Todo eran bocetos sin tatuar entonces. Hoy los tatúa ella con sangre, con una escritura curva que me recuerda las iniciales de algo que a día de hoy no se, pero que supe acercar y volcar con algo menos de fe que el día que marqué a golpes el árbol que más tarde tiraría aquel vendabal, a la noche. Y no es que no sepa leerme la piel, es que no reconozco estos símbolos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Diciembre, tesoro.

Laisse tomber les filles o Epitafio I.

Este café [sobre básculas y quehaceres].