Porque ya sí.
Sigue la fe con la sonrisa de antaño, cuando todas las cenizas quedaban fuera de tí y de mí, cuando nadie la llamaba, cuando la belleza de cada cifra impar se reflejaba en los ojos de cualquier verdugo, dándome un presente.
Sigue la vida rechazándola, como salvándome de fluir entre cristales dejados a drede, celebrando el cambio, robándome la magia primero, para evitar que me la robes tú.
Me alegraría verte.
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