En tu ciudad.

Están tus sms repasándome las buenas. La respuesta es idónea para mí.
La persiana, a ocho dedos de la sombra, pide algo más de atención mientras suenan violines sin ganas de verme. Dicen algo de "volveré cualquier tarde", mientras les autorizo a seguir. Está todo recogido por si vuelves a por el café que te prometí, a la hora que te prometí, el primer día. La velocidad es de unos mil kilómetros cada veinticuatro vidas breves, y no parece que vaya a frenarse por la luz. Sigo.

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