No llegan ni a cuatro.
Maté el fuera de tiempo destrozando nuestro cielo.
Aunque ahora el tiempo haya muerto y dejado de fluir, comparte la razón que tanto odiaste los motivos de su ateísmo. Los tres minutos del café me devuelven, si eso, al lugar ganado en el que nunca quise estar.
Días de vida en primera persona, como ese soplo en ese muda, sinónimo de lo único que este cuarto, esa calle y aquel desierto son en realidad. Queda un post-it a modo de escape, una vida que esconder y tres verdades que no te he dicho nunca, esperando otro café.
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