Entradas

Abril decansa [el sol también]

Me escupo en la mano y finjo que ningún momento raro de aquellos que me tocó vivir sigue conmigo en este abril. Finjo que la lluvia y la pila de recados pendientes son causa y parte de este divagar errático que apenas comparto. Y me relajo y doy imagen de no tener nada, y por tanto no esconder nada debajo de esta ropa, y de este pelo, y de esta cara de cansancio que regalo y parezco querer regalar. Parece que no hay otra intención que parecer, pero me acerco y buscando más - porque siempre hay más - reconozco esas vibraciones en el agua que no asustan por su fuerza sino por su constancia, y me relajo esperando que algo pase al fin. Y me bloqueo esperando que algo vuelva y me disfrace de nuevo de alguien que no cree pero entiende, y se cura y cura, y se viste y sale, y repite sus propias consignas porque el viaje nutre y merece la pena. Y es que sé que es cierto que el viaje nutre y merece la pena. Ni tan joven ni tan cerca de llegar, pero el caminar nutre a cada paso y cada paso es cau...

No estar.

 Ni santos, ni misas, ni cleros. De haberlo escrito todo tengo claro que la huída hubiese sido comienzo y no final. Ni comienzo siquiera. ¿A quién expulsaréis cuando nadie jamás quiera quedarse entre esos muebles? Y le echaréis la culpa, claro. Y quemaréis sus fotos, claro. No me importa mucho cuánto me importa, aunque sí escuece esta primera persona sucia, fría y desgrasada.  Los gritos pasarán.

Quedarse.

 Si discutiésemos más a menudo las cosas que sé y pensé y podré afirmar haber callado cuando este agradable diluvio amaine. Si descubriéramos facetas distintas a estos árboles falsos que se dejaron crecer entre el asfalto y el ladrillo. Solo habré sabido invitarte a cines y recomendarte discos aburridos y tristes, entre silencios y "peros" para explicarte por qué almaceno tantos libros y discos, y por qué tengo más instrumentos de los que jamás habré sabido tocar. Sin excusas ni cuentos, eso sí, con la certeza de que todo habrá sido lo correcto cuando no queden casas familiares en las que descansar y concederle treguas al ruido. He lamido cada recuerdo tanto que los cortes ya notan sabor. Los he escuchado de tal manera que sus bordes ya no rasgan la ropa y puedo correr sin miedo entre sus muebles. Podemos correr sin miedo entre sus muebles y sentarnos en un hueco que olvidé tenía preparado al fondo.  Para nada lo olvidé. Dadme un silencio, una cruz y algo de agua. Tendremos P...

Solo plazos y dinero [vacaciones].

Y sin comprender todavía la mitad de los deseos que aun aparecen cada día, anotaré en alguna parte esa inquietud que me comprende y ayuda. Aquella suerte de invento que sabe, sin aire ni acento, conmover al silencio y escupirle a la calma merecida por el sudor de evitar este hambre. Y yo sin hambre ni sed, ayer; y hoy sin tiempo: el festín de los días que llegan y ven crecer la sombra del hambre, añejo. Y hoy sin planes: comer y comer. Esculpo un algo que salve la duda más relevante del año, en lo que va de mes. Como conociéndome, lo dejo estar. Asusto a un par de santos y rezo, me derrocho y te salvo.

El muro I. Recuperarse y saltar en el sitio [un elefante en la habitación]

¿Cuál será la excusa siguiente que nos empuje al hambre y abra y resuelva las dudas de los próximos tres años? Quizás un muro  de pasiones y ruegos, con un pasaje de paz a cada lado y una vertiente infinita de nada. De la más absoluta nada. Algunas sombras que ayuden a diferenciar el lado a rodear elegido y hacer más aventura la pesadez de no ser capaz de encontrar manera alguna de solventar el dilema del muro. Y no sé si contarte acerca del muro. Hay una parte en la parte que elegí seguir, donde una pequeña muesca a la altura de la rodilla deja ver, dándose el impulso justo y durante solo una fracción de segundo, un cartel que anuncia el fracaso de aquella versión de mi que eligió rodear el muro por el lado contrario, hace unos lustros. Recalcan los viejos del pasaje que quizás, tal vez, alguien llegase allí primero y quizás, tal vez, se olvidase que alguna vez fue el primero. No sé si son las mismas caras y las mismas muecas una y otra vez, porque ni les reconozco ni me rec...

Laisse tomber les filles o Epitafio I.

A cuatrocientos años de caer la noche y tarde; somos los hijos de una nota en repetición constante que empuja y hace vibrar las puertas, y deja el avance a una mera cuestión de medio, de tiempo no perdido entre el miedo a no encontrarse jamás y a que marche el peluquero del barrio, y ya nadie nos reconozca. Si no fuera porque alguien, una vez, escribió en nuestro muro que servíamos de algo, mucho antes de que nadie más nunca necesitase aquel consejo que nos convirtió en humanos, entre la ironía y el desorden, entre currículum enviado y crédito en la suma. Vaya caída más torpe, amigo. Si ni fuiste capaz jamás de soportar el pánico que te supone no comprender la muerte, la amistad y el amor. A oscuras otro siglo más por rabia, imagino. Vaya tesoro prodigioso nos dejaste al dejarte ver así de libre cuando nada lo era todo. - Y es que en el fondo sí comprendo el amor, la amistad, la muerte. Querer y dejar marchar; dejar marchar y querer. A oscuras otro siglo más por razones de pes...

Por lo de Boston.

Ando dándole vueltas a la idea de dejar la pintura. Oda a la arritmia de los sustos por la espalda. Parte primera de otras tantas, tantísimas partes primeras que llegaron solo un poco más tarde, con las lecciones aprendidas y las curas hechas. Parte importante, otros tantos. En estos días que solo pienso en dejar la pintura. Volvería a pintarte aquella Tempestad aún sabiendo lo de [otro] marzo sin sangre. Volvería a pintarte aquel Concierto.Y a olvidarme con cierto propósito de poner las manos al llegar [y es que aunque no lleguemos no está de más tener un plan]. Ahora que el plan es no llegar. Creo que voy a dejar la pintura. Definitivamente. Al menos por un tiempo. Ya te diré.