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Noveno (y tu Sol).

Años de tregua al llegar al puerto justo. Existen dudas de si por cuenta del misterio respirar saldrá caro. La cuenta atrás la regala el demonio. Vemos si al caer la lluvia en silencio en picado salpica a tu izquierda en favor de otro mundo (y acentúa la mueca de sorpresa su travesía). Lo llamaremos vanguardia de salvación a drede, como parte de la obra vital que rechazaste. Esos ojos dulces maltratan hábilmente la duda. Cornetas y bombos destronaron nuestro noveno. Confío soportarás la incompredida manía de vivirlo a una vía (quizás desconocer los motivos hace crecer vivo al Sol).
Aquello del fuego arrasando el camino; arrástrame como ayer. El silencio a medida por ti y catedrales en el mar que no vimos. Tu verdad eterna y mi razón a medias. Tu sonrisa eterna y el amor a medias. Mejor sin terminar, suponte. Ni Cervantes ni el mejor verano que viviremos, hoy la ruina es tuya.
Recupero futuros; ayer te ví de mi mano por Barcelona.
Hoy París se ahoga entre los brazos de su impaciente madre. Los ojos que la vieron nacer los han robado por faltar la llave que cerrase ayer su casa. Mira Mona; no entiendes tu parte de culpa; hoy lo miras como (a) todos al pasar, como si el suelo que te salva y trajo al peligro (y salvador) no formase base necesaria del hogar de tus hijos. Ellos caen y tú sonríes peligrosa; trozos de metal en el asfalto.
El ciclo vuelve a empezar; no veo la llamada perdida (y el tranvía vive hacia las dos direcciones).
Esa magia. Esa escena. Esos ojos. Se perdieron volando y míralos ahora. Perdona y pausa la imagen (no es la primera vez). Huele distinto ahora que la alergia ataca sus pasos; la magia vuela sola. Sabes amar el golpe; la escena brilla sola. Se mantienen los ojos, lo sabes (el sueño agita aunque no mires). Por qué debería repetirse si mañana volveremos al estatus que nos permite el verano. Feroz, fugaz y tranquilo al marcharse. Esa lupa no capta nada. Que el barro mancha tu traje y su amor por la vida. Eva no capta nada; Eva no aceptó su nombre. Ve a mirarla a la noche que olvidó suspirar y pregúntale por la alergia que pesa en ella. La tecla del piano, el calor y el ruido no la dejarán estar acompañada. La presión hecha echada al chasquido demoledor. Eva no entiende que el tiempo muerde. Igual la alergia no cura; cuéntale los detalles del alma. Seguimos girando a la misma hora; es algo que Eva no entiende; la calma no existe.

Pues eligieron mi nombre.

El centro de la ciudad abrazaba un silencio no correspondido. La anterior tormenta y el hombre Sol dichoso, como esperando unos ojos sin hambre entre tanta pobreza, brillantes por sí solos al mirarla vacía y bella como nunca. Un suelo básico de paisaje; un "suelo" básico de compañía temporal. El paso orquestaba la sinfonía; la opacidad del relevo y la estación por aquello de vivir sin quererla. Es fácil recordar el color de la sombra todavía, este Enero aplazado por sus prisas, sus rectas sin desnivel. El empujón y la orden de nueva calma; no hay posible llamada en su cuento. La novel tormenta soplando velas mojadas, creando el material que forma el huracán de tus ojos; la vida.