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Más allá de la muerte [el espacio entre nosotros].

Fugaz. Estrella en bronce con pose de fango. Segundo disfraz. Bernini debió dejarte, ciclo. Cornaro aplaude todavía, cómo no. Pareces cansada y vivaz, audaz, aullante, ¿lees aún?. Esos ojos. Esos labios. El Ángel perdido y lo encuentras. Ángel vivido en tono pardo por tu fiel visitante. Te visten palomas, un tercio de mí. De qué sirven estas alas. Como anoche, cualquier latencia vendrá a saberte. Y qué esperabas, Ángel. Mi letanía incolora. La eterna liturgia de nunca llegar; "Gian el profeta". Gian no entiende. Gian no crea. Adopto este rasgo que me otorga nacer cerca del valle de Hunza. O quizás soy falso mito y Gian realmente comprende su obra. Esta ascensión nuestra ejecuta, y más solubles que alcanzables nuestro frío se apaga. Más allá de la muerte [el espacio entre nosotros].

Anexo I o Inapetente Prometeo.

"He olvidado todo el odio por momentos. La vuelta a casa más traidora de la última época. Tantas respuestas irreverentes.  -Llegadas con ganas de marchar. Y qué si busco todavía tu olor en mi jersey gris. No queda nada que haya olvidado a drede. Y qué si ahora recupero la ilusión de aquellas escenas. Los últimos meses no tacharán los cien primeros días. Ay amor, si tú supieras las veces que forcé callar llamarte amor. Tan imprevisto de todo. Y qué si importas más bien nada ahora. El frío golpea al hombre, no al poema. Y qué si pienso en mantener tus fotos, como fingiendo la misma amnesia de aquel reencuentro en Delicias, como todas aquellas veces que agarré las ganas de huir, dejándote vencer, temida, por cuestiones indomables. Escupiré en tu nombre mil veces y más, por tantas cosas. Le sonreiré a tus poses, por tanta gloria perdida.  -La calle no olía a cemento. El aire bailaba descalzo. Tú invisible ante los mortales; y yo tan Dios. Seré peor amante si cabe. ...

Suerte (perdona el bautizo tardío).

Recuerda las miradas a contratiempo. Aquellos saludos sin luz. ¿De qué color vestía la última vez? Un sector del público aconsejando correr. El otro gritar y borrar (correr de una forma digna). Y qué única estaba. Vertía todo a una, sintiendo a Poe en el fondo apuñalando la suerte. Cambian años en horas, se entiende. No hay dudas. Dudaba y lo sé, dudaba por ella. Besaba y amaba también a ese modo, lo sé, igual que aquel eco de gritar y borrar. Toda una vida adoptada en la cuna del mundo, para venir y renombrar el pleno universo. Cuánto poder sin siquiera saberse para vivir. Degradada a gris en imperfecto de tercera, sin nadie para verlo ni verla.
Ojalá fuera tan fácil. Ni prestigio ni alma. Ojalá fuera fácil celebrar la nueva llegada. Ojalá fuera fácil recordar el vacío.

Sol.

Si has de llevarme, deja sellada la promesa de jamás volver. Jamás lo pediré si estás. Que tu mirada atrape este mundo, atrape el tiempo; atrapa todo lo que no quedó. Eres la suerte de haberlo perdido todo. Un pulso eterno. El pulso eterno de Dios. Si he de seguirte, deja que empuje al vacío los meses sin verte. Tolera las horas despierto y sin verte, deja que sepa que estás. El mundo tuyo, la ascensión; libéralo ahora, no queramos perderlo después. No temamos perdernos allí de nuevo. Este aura eterna. Nuestra aura eterna sin voz.
Me recuerdan a ti las mañanas. Hablan del tiempo perdido y -Perdéis el tiempo culpando la suerte, y qué suerte; así volverá a tiempo.

Esta oda al recado.

Ahora que toda su vida pasó a ser holograma relatan inquietos su primera visita a París. Por algo es cíclico y acabaron con Dios. Por algo acabaría el jersey en su armario (su olor en el mío) y todos estos suspiros en el punto de inflexión. Mañana iré a verte dije. Mañana escribiré mi muerte, a tono de excusa, como siempre hicimos. Y que le explique la barrera a la desgana por qué existimos.