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De.

Pese a su intrascendencia continúa la Tierra orbitando al Sol, aceptando las estaciones y autojustificándose el rumbo de tal modo que la máxima es la única ley a cumplir. Háblame estrella.

Tampoco ley.

Enciende la luz al entrar. La fecha sin concretar como único motor no efímero. Y te creia normal. No hay nada. La canción a modo de ruleta rusa. La fecha idéntica. El insomne que sueña con volver allí y dejar la forma almenos, romper con lo feliz de perder los planes. Esta jaula es nuestra jaula, es el premio. No hay cartel todavía, pero sé de tu ausencia, porque tú no eres ellas.

Cráteres y mentiras.

Espectador declarado de una voz sin llama. Su palidez rota sumerge en la más cercana lejanía a todo aquí. Ojalá el valor fuese intrínseco y así pudieses irte en paz, porque no hay picardía en tus secretos. No hay amor en tus llanuras. Te falta el hambre excedente en casa, creadores y destructores que te asocien con lo eterno. Porque nada queda ya que te palpase ayer, pese a la grandeza de la vida y lo desgarrador de la vida. Eres única.

El callejón más bonito.

De haber sido tú no las sabría. Mil golpes de puertas cerrándose, con el necesario motivo de ser la flor al fondo. Fugaz raquítica señal mal pintada, no supiste dominarte y ahora te apagas con todo. Esa crucería de fatalidad final que vieron y tú, luz ciega, atravesaste con la valentía del ignorante al cuestionar al sabio. No hay propina más grande que haber renacido.

¿Acaso no?

Como educarte. Como si el hombre fuese juez del viento, de la furia y calma de la tormenta. Verla pasar es justicia. Ver brillar a cada estrella es justicia, y el total plenitud. La mano abierta si aparece en el reflejo del agotamiento, pensando en harakiris en otro idioma, en harakiris eternos que lleven calma efímera, como la vida. Y será efímera la vida si estás. Y serás efímera si apareces en el plano. Lo eterno separará solo a quien sepa morir; tú serás este verso. Juez, aquella esquina guarda más que tú. El pelaje marcará de por vida al verdadero rey. Separa las aguas y deja pasar a tu pueblo, no importará. Hoy importa poco.

Bis.

Viene y va, dando y quitando vida. Qué sin versos si mantiene la luz. Qué sin luz que mantener.

No sin tí.

Si ese murmullo no atormenta el descansar de la sombra, el olor que acompaña es digno. Un locus amoenus a partir de sus fronteras, con opción de calma, con opción de lluvia densa. Tu impar efímero duele, no es habitación eterna. Es habitación de "vers". Refleja en aquel charco la soledad del conjunto y por ello es casa.