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Romanticismo aplicado.

Liberar al hombre de sentir sería abrir facilidades para esclavizarlo. Al final, todo se basa en eso. Quien siente, crea. Quien crea, lucha. Dejar de sentir trae consigo dejar de luchar. Y con ello la caída. La ausencia de algo por lo que luchar, una idea que defender, expone al hombre ante la duda. El hombre es indefenso por no defender lo suyo.

Por sentir.

Pisé al romántico por sentir. Pisé al humano por verte. Pisé más de lo que quise, pasé por más de lo que supe. Supe el cambio. Supe el tiempo necesario y supe calcular la vida de cero. Si tú mi horario hecho de vida, rezo solo por llegar al lunes. Rezo solo por llegar a enero y recomponer mis trece. Vivo en metálico aun rompiendo esquemas, mas me quema más no hacerlo. Solo el tiempo para al tiempo, solo hay tiempo para el tiempo.

Noventa sesenta noventa.

Por recuperar la fé. Por recuperar reconocer perderla. Caer de rodillas frente a un dios nunca sujeto a nadie, a nada. Reloj es piel. Errar es piel. Terminar con el latir del pulso es piel. Parar, reír, soñar, anticiparse; crear de cero nunca. Ese dios es firme. No duda. Ve más en piel que horas y errores. No termina, solo crea. Solo cree y llama hombre al hombre fiel, mujer a la mujer libre. Es un recíproco gratuito; sentir y ser sentido. Ese dios es vida; nacer y morir, todo falso.

Feliz día.

Que ella siga sin darse cuenta del dolor causado. Que mi ironía sea cómica, no quiere decir que mi dolor también. Ni voy a llorar delante suyo, ni voy a intentar abrirle los ojos, pero estoy roto desde entonces, y ella no quiere asumirlo. ¿A eso se le llama amar?, esas promesas tuyas de amor eterno, ¿sufrir por alguien?. A eso se le llama ceguera, tanto por no querer ver como por no poder hacerlo. La ceguera de la mentira y de ocultarlo todo. Espero ser feliz, porque ella ya me da igual.

Inocente, ¿y qué?

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Ví mi dolor caer, desde la brecha que en el techo dejó mi infancia.  Mi paciencia convertida en yeso blanco, frágil. Mis celos convertidos en amor dulce, arrancados por saber que la versión de su vida, era distinta a la mía. Ese mismo techo que un día albergó mis dudas de un mañana feliz, y que dejó sentado el paso del tiempo a su lado, levantándose solo para saludar al pasado azul que prometió darme. Juro que ese techo era resistente cual diamante cuando lo abandoné a su suerte, cuando la dejé a ella a su cuidado, manteniendo al margen cualquier otro amor que pudiese recibir, soltando perlas a su cauce, oh río de dolor líqudo, proveniente de esas montañas que te mantenían en forma de punzante dolor helado, oculto bajo el caluroso amor que prometiste. Bendita inocencia rota. Vendí mi secreto, mi frágil pero fácil de conseguir confianza, al cuidado del techo de mi único hábitat habitable, ¿para qué?, inocente de mí. ¿Para qué amar, si mi techo ya no está conmigo?.