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Diciembre, tesoro.

Quiero sentir un deseo fuerte. Quiero anhelar, odiar mi vida cada minuto que no lo tenga entre mis manos. Algo brillante al fondo del camino. Reconvertir la pena residual en algo valioso. Darle valor a los días de tregua y saber amar, abrazar, querer; aceptar cada juguete nuevo como algo único que llega y marcha. Amar el intervalo entre que llega y marcha, que no se rompa, que pueda seguir después  y que pueda valer tanto o más después. Amar el intervalo que nos quede aunque no quede. Si lo tuviese claro le daría nombre al sabor, a la luz. Si solo de pensar en la muerte y en odiar sentir el pasillo tan grande. En el espacio tan infinito. Este rincón tan infinito. Estoy cansado de demorar contar los sueños, si todo intervalo nace muerto. Estoy cansado de olvidar contar los sueños si todo es gloria o parricidio. Si los nenúfares huelen a la misma muerte, y qué sé yo de la muerte. Qué sabe el viejo de la muerte. Qué sé yo del sabor de nada, si cada intervalo nace dentro del anterior [...

Este café [sobre básculas y quehaceres].

 El peso. El peso. El peso. Sé que aunque mil voces digan que soy un ser horrible no será cierto hasta que un acto de mala fe confirme. Pero el peso, el peso, el peso. Si acaso supiese algo. Si acaso el dolor fuese como el gas y tuviese un olor falso y químico para verlo y poder huir antes de darlo y recibirlo. ¿He inventado yo el dolor? Si tú supieras el amor que di para salir pese al ruido de la derrota, aceptando que todo el dolor allí contenido iba a volverse a casa de cada una, sin solución, a espera de volver a ser absorbido en un par de siglos, con suerte de mezclarse con el agua de un arroyo formando figuras en caída vertical desde mi cara hasta mis pies, desde mis manos hasta el suelo, como indicando el desgaste de este cuerpo y este espíritu. ¿He inventado yo la muerte? Tengo otros temas que ocupar primero.

Silencio, nudo.

No es la revolución soñada pero algo se agita por encima de nosotras. Con que esas agujas no aceleren más el camino será suficiente. Y si no, si ya llegamos y han comenzado ya los coches en llamas y los escaparates rotos, al menos que la libertad sea justa y te trate mejor de lo que jamás supe.  Lucharé también por ello.  Libre conmigo o sin mi - libre contigo o sin ti.  Lucharé también por ello.

Abril decansa [el sol también]

Me escupo en la mano y finjo que ningún momento raro de aquellos que me tocó vivir sigue conmigo en este abril. Finjo que la lluvia y la pila de recados pendientes son causa y parte de este divagar errático que apenas comparto. Y me relajo y doy imagen de no tener nada, y por tanto no esconder nada debajo de esta ropa, y de este pelo, y de esta cara de cansancio que regalo y parezco querer regalar. Parece que no hay otra intención que parecer, pero me acerco y buscando más - porque siempre hay más - reconozco esas vibraciones en el agua que no asustan por su fuerza sino por su constancia, y me relajo esperando que algo pase al fin. Y me bloqueo esperando que algo vuelva y me disfrace de nuevo de alguien que no cree pero entiende, y se cura y cura, y se viste y sale, y repite sus propias consignas porque el viaje nutre y merece la pena. Y es que sé que es cierto que el viaje nutre y merece la pena. Ni tan joven ni tan cerca de llegar, pero el caminar nutre a cada paso y cada paso es cau...

No estar.

 Ni santos, ni misas, ni cleros. De haberlo escrito todo tengo claro que la huída hubiese sido comienzo y no final. Ni comienzo siquiera. ¿A quién expulsaréis cuando nadie jamás quiera quedarse entre esos muebles? Y le echaréis la culpa, claro. Y quemaréis sus fotos, claro. No me importa mucho cuánto me importa, aunque sí escuece esta primera persona sucia, fría y desgrasada.  Los gritos pasarán.

Quedarse.

 Si discutiésemos más a menudo las cosas que sé y pensé y podré afirmar haber callado cuando este agradable diluvio amaine. Si descubriéramos facetas distintas a estos árboles falsos que se dejaron crecer entre el asfalto y el ladrillo. Solo habré sabido invitarte a cines y recomendarte discos aburridos y tristes, entre silencios y "peros" para explicarte por qué almaceno tantos libros y discos, y por qué tengo más instrumentos de los que jamás habré sabido tocar. Sin excusas ni cuentos, eso sí, con la certeza de que todo habrá sido lo correcto cuando no queden casas familiares en las que descansar y concederle treguas al ruido. He lamido cada recuerdo tanto que los cortes ya notan sabor. Los he escuchado de tal manera que sus bordes ya no rasgan la ropa y puedo correr sin miedo entre sus muebles. Podemos correr sin miedo entre sus muebles y sentarnos en un hueco que olvidé tenía preparado al fondo.  Para nada lo olvidé. Dadme un silencio, una cruz y algo de agua. Tendremos P...

Solo plazos y dinero [vacaciones].

Y sin comprender todavía la mitad de los deseos que aun aparecen cada día, anotaré en alguna parte esa inquietud que me comprende y ayuda. Aquella suerte de invento que sabe, sin aire ni acento, conmover al silencio y escupirle a la calma merecida por el sudor de evitar este hambre. Y yo sin hambre ni sed, ayer; y hoy sin tiempo: el festín de los días que llegan y ven crecer la sombra del hambre, añejo. Y hoy sin planes: comer y comer. Esculpo un algo que salve la duda más relevante del año, en lo que va de mes. Como conociéndome, lo dejo estar. Asusto a un par de santos y rezo, me derrocho y te salvo.