Alejandría.

Por esa primavera la lluvia no cae, ni cae la duda del peso esta vez. El génesis de vuelta a tu piel. Todo en el instante, la eterna ida, la eterna vuelta. Lo que quedó de la segunda vez, de la primera par, bajo sombras de Baudelaire y sin fe. Ha vuelto dios sin embargo, sin avisar y con la firmeza alternada de ser cupido o eros, de ser diamante o mi mayor error.

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