Allá, el azul.

El revólver sigue a lo suyo,
como todos.
Acepto, acepto y acepto y callo.
¿Tú la musa de cuándo?
Me gritó el espejo mirando hacia sus verdes
y se convirtió en el único grito que se dignó a estar ahí.
Soy tú, fui ella. fui anoche.
El mismo error que me obligó a seducirte se lleva los restos.
Apenas es.
Apenas es la norma que apenas nos siguió.
Es mi culpa y la tuya, dirá aquel tiempo.
Los meses que espero pensando en no hacerlo.

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