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Engerer.

Si viviese aquí encerrado de por vida. Cuatro sueños solo. El hambre chica Sol. El buen padre. Si ese cielo no volviese a regalarme, resonando en otra tierra firme; otros diez de mala suerte. Ojos negros, piel clara. La brisa de aquel marco superior. La prisa del invierno. Si soñase aquí a su lado todavía. Cuatro miedos solo. Y un acabarse en luto por mitades. Si quisiese. Otro abril que sepa a cine.

O existeix l’objectiu.

Amamantad a los inútiles de fe. A los inválidos de fuego rápido. Ojalá cada verso cayera aquí. Ojalá cada Tzar cayera aquí. El defluente favorito del Rhin. 

Y si aquel pulgar dejase de lastrarse.

Y de estos mil años charrando de caídas. De aquellos no saber vivir entre unas carnes salvajes [y jamás vacías de bondad]. De estos millares de segundos. De estos salvarme de ti, de mi y de mis peldaños. Hubo cierto algo. Hubo un cierto todo. Nuestro corazón estará adorando al dios que crearás, como hicieron otros tantos antes y como harán quienes no vendrán detrás [Mataré al poeta]. -(ayúdame a no pedirte ayuda) Ayudadme. [No es otro estrecho valle anclado en la mirada del pueblo sin huella. Es el pueblo con madre honrada del talento de un hijo cercano a la muerte. Y de una muerte escrita con la mayor lejanía al infanticidio]. He venido a buscarte.  Porque te he narrado mil veces. Porque el deje de escupir sea por dioses venideros. Sálvennos.  -[o sálvense] (o sálvense). 

Como cada mes de Marzo.

Si perder la costumbre de honrar el nombre es el último gran lastre, amigo, ya supondremos otro castigo mayor más adelante. Rendirme a cuentas del deber. Que hoy vivo y sabe todo mejor, y si aún no crecen raíces, morderé, igual que todos muerden. Y si el poema siguiente sigue lejano, mis cartas más sencillas y el corazón igual de frágil, no creas que huiré de nuevo para salvarme. Salvarme es acorralarme de ti; es dejarme amar sin comprensión alguna, y dejar de correr a tientas. Salvarme es rodearme de ti. Dejarme oler a ti bajo este fuego y este hielo. Pero no es serme, creerme y crearme. Y si he de ser todo hielo, todo fuego, lo seré cada preciso momento en que pueda seguir creyendo en mi. Y si me rindo, correré a tientas, porque el silencio y oscuridad de este alma no hacen temer. Nací poeta; ni maldiciones, ni grandes odas. Nací poeta, y poeta me iré. Lo primero fue aprender a despedirme, para escribir aún tengo tiempo.

[Apunte].

Y de verdad quiero que estés muerto como esos puntos. Y que vuelvas por llevar contigo algo. La fe en los malos silencios y el tenerse en pie un dedo más allá de lo oportuno. La lluvia discreta que te dejó encerrada el ya nunca mejor fin de semana del verano. Qué grandes amigos no hicimos. Acaban de llegar y podría amarlos para siempre.

Mi tipo de suerte.

El marco continuo. Los rayos mezclan cierto placer entre tus dudas. Por lo menos el calor del aire empuja [aquel desastre; aquella vida]. -El segundo siguiente al momento oportuno. La historia de la vida entera escrita en el minuto en que todo es tarde ya (y qué bien sabe). Reconozco en el latido cierto aroma a días mejores (el crecimiento y todo eso) vistos sin intención de quedarse. Por lo menos ahora este continuo tambaleo tiene un nombre y unas alas [las mil cuatro paredes donde querré verte volar]. En honor de aquella muerte. En honor de los silencios que quedan y esta calma tan poco habitable (siempre has sabido sacar vida de este cuerpo maldito; siempre has sabido sonrojar al diablo). -Transportaré cada latido conmigo. Por la inercia y lo inerte del sendero. Porque estos ojos no son nada sin la parte que te guardas. [El primer gran siglo denso de estos días fáciles.] Quítame de estas razones para echarme a perder. Para traerte a esta esquina ...

Ni por viejo ni por diablo.

[La segunda parte de una carta trágica desde el comienzo.] Aún guardo el secreto de los no se cuántos siglos sin ti. De los segundos entre que naciste y te vi crecer a escondidas por no se qué de llegar con el pasado a medias. Con el consuelo de esta mecha profunda de difícil alcance te hablaré de los silencios y de lo improbable de darles nombre; silencios rotos de algún modo con intención de evitar en parte mi muerte, ahuyentar el hambre y comprender las ganas. (Si aún tuve dudas, por favor, que nos salven.) La pequeña nación que ideé. Una nueva vida compuesta de puntos medios. He tenido siempre un don con las despedidas. Voy a cuidarlo,    por si no vuelves.       Tenerte en la mesilla los segundos suficientes.