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Caída libre o Y si acaso una pregunta [edificios de renombre].

Si te soy sincero. Tienes todo lo necesario para adorarte cada noche. Eres el descaro justo que invita a echarlo todo a perder. La sonrisa de otros años, de otras tardes. Y esa forma de mirarme mientras bailas. Si te soy sincero. La mentira es el regalo; si crees que no lo dejaría todo por ti, tan pronto. Si crees que no entregaría todo lo que soy y todo lo que pueda ser. (No atraparé tu nombre ni un segundo.) La mentira es lo único.

El que escribí justo a tiempo.

En busca del café de las dos cincuenta y tres. De golpe el camino ha crecido en posición vertical. Alivio, tal vez por haberse perdido la razón concreta del avance y andar en círculos [cada cual cumpliendo propiamente la dimensión áurea, sea dicho]. (Y esta fe calcada en su lucha por hacer valer el paso siguiente, por la respuesta). -La pieza sagrada que dejes en pie servirá; ya hice religiones de cada persona. [El templo tomado no limita] El amargo dolor de echarte de menos aun teniéndote al lado. Aquel dolor quedó en nada, al comenzar a echarme de menos por tenerte al lado.

Por el frío.

Este denso despertar que auguras. El animal de la superficie como hábitat eterno. Terminará por irse, si ha. Los pedazos que anidaron la duda de si sirve, de si vuela o siquiera nace ante el deshielo vivo. El saberse frágil y enclenque a cada paso ante la nueva canción. Ante ese nuevo artista. [Y yo tan lejos de ti. Y yo tan osado a acercarte por hacer años los minutos que queden.  Por hacer vida los minutos que queden.] Y la caída libre que resultó no serlo, por la coraza y el corazón del 'absolutamente nada nuevo' que resultó ser falso. -La primera (y única) mentira mesías de paz. [A pesar. El animal que viste. No puedes igualar ni de lejos la vida. Pero puedes tenerme; no al animal que viste.]

El sagrado remite: el nervio.

El sagrado remite. La evolución del segundo siguiente y su giro. Aferrado a la victoria. El despertador dejó de repetirse, no por cansancio, no por razones de peso. El verano, el paisaje, las dudas. Tan estáticos que debieran asustar. Los recordaba vacíos. Los recordaba impropios. La canción. El desperdicio de la huida por temor al sinsentido. El merecido sentido. La reconciliación final con el desastre. El espacio compartido. [Me he dado cuenta de que en realidad este cuarto no es tan pequeño. Ni el poema tan breve. Es la vida que es enorme.] El sabor de cada letra. El futuro perfecto para cada cual. Confundía la calma del aire con silencio y nervios, cuando era paz.

La foto, la letra y el gesto.

Que abandonen la sala. Alguno de estos días vendré a intentar engañarme fingiendo que todo significó nada. Con la pose del ensimismado triunfo ante la huida. Algún recado volverá a reclamarse. Con el silencio. No se engañe. No me engaño tampoco. El silencio es victoria de razón. Mía y del mundo. Es la gloria al consolar la duda matinal, sin traspasar la frontera de olvidarlo. Es la gloria de haberme dejado escribirte los versos más humanos, los más enfermos y el resto. Es la gloria matinal de la diosa en que te convertí y por ello fuiste. Del espacio en que ambos fuimos [me convertiste]. El claroscuro incoloro sabe demasiado. El desconsuelo apagado por estos gritos [en apagado constante]. Y con la boca tapada gritaré por su nombre a cada demonio, sabiendo que fuimos dioses. La foto, la letra y el gesto. Esa tranquila comunión entre lo que fuimos y la caída que creamos. Nadie gana. Solo el mundo pierde.

Y siempre.

Lo quise todo. Lo quise todo y pronto. Lo quise todo, pronto y en cada minúsculo momento que lograse hacerte escapar. Lo quise todo de ti. El soplido rápido de las velas. El descorche enérgico de la botella. Las mil bandas sonoras (o la única y eterna). Fiel acompañante, quizás lo único tomado lento a adrede. Qué dúo. Las insoportables esperas de más. Ojalá hubiesen ardido entonces como ardió todo. Y ese calor lento. El café sabe exactamente a lo mismo. No hay reproche. Esta vez lo anticipo. Lo querré todo y pronto. Todo y pronto, de todo.

20.

Estarás orgulloso. El idioma espero que contento y acompañado. La colección aprendida, junto a los bailes. Y una buena plaza donde sentarte [ando soñando la forma; espero aciertes]. El minúsculo rencor que puedo tenerme cosido y cerrado, con la marca típica del mal final tomado como norma. Jamás cures, te lo pido, la directriz de amarlo hasta verlo arder. Jamás culmines sin obligarte a dejar de amar y en espiral verte en parte culpable, en parte héroe. Te veo en la luz clara de otro punto cardinal. Con ese ansia por jamás culminar la frase. De creer. Te veo igual de confundido en ese asunto del norte. No te lo tomes a mal, eres mi héroe y son tus dudas lo único que mantiene (casi) inalterada la fe. Eres capaz de todo. Eres maestro de aprendiz, y aprendiz mañana. Eres la meta. Disfruta del recuerdo, iré a verte pronto. Intentaré llevarte fotos, a ver quién de los dos lo recuerda mejor.