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El sagrado remite: el nervio.

El sagrado remite. La evolución del segundo siguiente y su giro. Aferrado a la victoria. El despertador dejó de repetirse, no por cansancio, no por razones de peso. El verano, el paisaje, las dudas. Tan estáticos que debieran asustar. Los recordaba vacíos. Los recordaba impropios. La canción. El desperdicio de la huida por temor al sinsentido. El merecido sentido. La reconciliación final con el desastre. El espacio compartido. [Me he dado cuenta de que en realidad este cuarto no es tan pequeño. Ni el poema tan breve. Es la vida que es enorme.] El sabor de cada letra. El futuro perfecto para cada cual. Confundía la calma del aire con silencio y nervios, cuando era paz.

La foto, la letra y el gesto.

Que abandonen la sala. Alguno de estos días vendré a intentar engañarme fingiendo que todo significó nada. Con la pose del ensimismado triunfo ante la huida. Algún recado volverá a reclamarse. Con el silencio. No se engañe. No me engaño tampoco. El silencio es victoria de razón. Mía y del mundo. Es la gloria al consolar la duda matinal, sin traspasar la frontera de olvidarlo. Es la gloria de haberme dejado escribirte los versos más humanos, los más enfermos y el resto. Es la gloria matinal de la diosa en que te convertí y por ello fuiste. Del espacio en que ambos fuimos [me convertiste]. El claroscuro incoloro sabe demasiado. El desconsuelo apagado por estos gritos [en apagado constante]. Y con la boca tapada gritaré por su nombre a cada demonio, sabiendo que fuimos dioses. La foto, la letra y el gesto. Esa tranquila comunión entre lo que fuimos y la caída que creamos. Nadie gana. Solo el mundo pierde.

Y siempre.

Lo quise todo. Lo quise todo y pronto. Lo quise todo, pronto y en cada minúsculo momento que lograse hacerte escapar. Lo quise todo de ti. El soplido rápido de las velas. El descorche enérgico de la botella. Las mil bandas sonoras (o la única y eterna). Fiel acompañante, quizás lo único tomado lento a adrede. Qué dúo. Las insoportables esperas de más. Ojalá hubiesen ardido entonces como ardió todo. Y ese calor lento. El café sabe exactamente a lo mismo. No hay reproche. Esta vez lo anticipo. Lo querré todo y pronto. Todo y pronto, de todo.

20.

Estarás orgulloso. El idioma espero que contento y acompañado. La colección aprendida, junto a los bailes. Y una buena plaza donde sentarte [ando soñando la forma; espero aciertes]. El minúsculo rencor que puedo tenerme cosido y cerrado, con la marca típica del mal final tomado como norma. Jamás cures, te lo pido, la directriz de amarlo hasta verlo arder. Jamás culmines sin obligarte a dejar de amar y en espiral verte en parte culpable, en parte héroe. Te veo en la luz clara de otro punto cardinal. Con ese ansia por jamás culminar la frase. De creer. Te veo igual de confundido en ese asunto del norte. No te lo tomes a mal, eres mi héroe y son tus dudas lo único que mantiene (casi) inalterada la fe. Eres capaz de todo. Eres maestro de aprendiz, y aprendiz mañana. Eres la meta. Disfruta del recuerdo, iré a verte pronto. Intentaré llevarte fotos, a ver quién de los dos lo recuerda mejor.
Todo aquel orden por quemar el remite. No podrás cerrar mis ojos.

El fino desangre.

Puedes contemplar todavía la brecha en la voz del último gran mensaje. La indecisión de tirar por tierra toda fe, de la que aún susurra, para hacer la caída dócil. Una conseguida verdad a goteo que ilumina la ruta directa al infierno y borra el resto, como un museo entregado en favor de la gloria temprana [y aquello del bonito recuerdo en sus ojos]. Traedme una lograda mentira que frene este derrame. Cualquiera.  [El mismo puño que evita el desastre dibuja el retrato del titubeo frágil descrito en tu nombre]. Traigo esta luz en parpadeo. Así logre convencerme.

Ya dije que era un círculo.

Este aura magnética. Sabe a primer paso cada cálculo. El disfraz gris mate del antiguo armario y cada oda al desánimo y al abandono como dulces y melódicas trabas [consentidas]. Hemos dado con el punto central, una especie de Real Observatorio por el que pasa cada arteria, y a conciencia el campamento base colocado  bajo un minucioso azar a unos centenares de metros hacia la señal de ceda el paso. Así alegre la vista y el alma cansada. Observadora de la creación tras un coma, un telón de "la búsqueda continúa". Por si volvemos a encontrarnos y decides pasar de largo, darme cuenta.