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20.

Estarás orgulloso. El idioma espero que contento y acompañado. La colección aprendida, junto a los bailes. Y una buena plaza donde sentarte [ando soñando la forma; espero aciertes]. El minúsculo rencor que puedo tenerme cosido y cerrado, con la marca típica del mal final tomado como norma. Jamás cures, te lo pido, la directriz de amarlo hasta verlo arder. Jamás culmines sin obligarte a dejar de amar y en espiral verte en parte culpable, en parte héroe. Te veo en la luz clara de otro punto cardinal. Con ese ansia por jamás culminar la frase. De creer. Te veo igual de confundido en ese asunto del norte. No te lo tomes a mal, eres mi héroe y son tus dudas lo único que mantiene (casi) inalterada la fe. Eres capaz de todo. Eres maestro de aprendiz, y aprendiz mañana. Eres la meta. Disfruta del recuerdo, iré a verte pronto. Intentaré llevarte fotos, a ver quién de los dos lo recuerda mejor.
Todo aquel orden por quemar el remite. No podrás cerrar mis ojos.

El fino desangre.

Puedes contemplar todavía la brecha en la voz del último gran mensaje. La indecisión de tirar por tierra toda fe, de la que aún susurra, para hacer la caída dócil. Una conseguida verdad a goteo que ilumina la ruta directa al infierno y borra el resto, como un museo entregado en favor de la gloria temprana [y aquello del bonito recuerdo en sus ojos]. Traedme una lograda mentira que frene este derrame. Cualquiera.  [El mismo puño que evita el desastre dibuja el retrato del titubeo frágil descrito en tu nombre]. Traigo esta luz en parpadeo. Así logre convencerme.

Ya dije que era un círculo.

Este aura magnética. Sabe a primer paso cada cálculo. El disfraz gris mate del antiguo armario y cada oda al desánimo y al abandono como dulces y melódicas trabas [consentidas]. Hemos dado con el punto central, una especie de Real Observatorio por el que pasa cada arteria, y a conciencia el campamento base colocado  bajo un minucioso azar a unos centenares de metros hacia la señal de ceda el paso. Así alegre la vista y el alma cansada. Observadora de la creación tras un coma, un telón de "la búsqueda continúa". Por si volvemos a encontrarnos y decides pasar de largo, darme cuenta.

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El nombre del poste marcado en la muñeca por si regresar llegase a parecernos la opción más adecuada. Los gritos descosidos de tu prenda favorita por algún detalle de esos que, dicen, no venir a cuento. El descarado ritmo vertical y profundo. Tu alma infinita y el pulso infinito contra esa manía de ocultarla. Tan sabido conocerte. He visto un hueco entre tu tercera y quinta costilla que puedo fingir no haber besado nunca. [Del balance; amo amarte. Sabedor del regreso.]

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Si quedase algo por escribir que mereciera la pena. El holograma de la forma de ese cuerpo no ha logrado adentrarse en mí. La quise de una forma tan pura que cualquier contacto con la tierra lo echaría todo a perder. A qué vinimos entonces. Soy incapaz de tratar la emoción y a quien la provoca de la misma manera. Mi devoción por el amor que suscita y la falta de afecto ante esas leyes. Ojalá supiese amarte de la manera que preparé para ti. [Confío en que la Tierra guarde la forma que le diste].

Corazón, tesoro, cielo.

Y de este juego. La herencia y el roce. Desconocer las prisiones y dejarse ambaucar por alguna nueva apertura. Los aledaños perdidos a pesar de la crecida embergadura de este amar. El sopesar sin atreverse a rogar respeto por ese cielo. Y es que nos quisimos tanto en ese cielo. Ahora a qué sabe. Te volveré a ver y el cielo será la cuna de nuevo. Creo en ello. Creo en la vida y en amarte a lo largo de toda ella. Me sentiré en mi hogar cuando llegue a casa y ocuparán parte del epitafio esos años. Es el único plan vigente. Y volveré a rezarle a esas fotos con el alma que les robé. Porque mi desgaste no es daño, ni cicatrices, ni dolor. Ojalá pudiese aclarar su daño, sus cicatrices, su dolor. [Soy solo angustia - jamás fui muerte.] Y el poeta existirá hasta que la linea se vuelva círculo, incluso algo más. En ese punto (donde es conocido el ruido pero jamás se materializó) empezará la vi...