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Y preferiría mil veces no haberte encontrado nunca para verte la primera, y que todo fuera nuevo. Este aire, la calma, el traje.

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La invariable tradición de la huida menos sensata. Que nos amen.

Eme.

(El cartero ha estado poco hábil esta vez.) Tengo que decirte (a gritos, por si quisieras imaginarme) que la última vez fue la que definitivamente acabó por destrozar cada plan. Eso de que seas tan superior a la imagen que cree de ti. Me has destrozado la razón a tal nivel que no estoy dispuesto a ocultarlo (a decorarlo). Que yo jamás debí hablarte del tatuaje del brazo. No. Ni de lo mucho que sabía iba a echarte en falta. Ni pensarlo. Ni escribirte al minuto de ver tu mensaje.  Ni dejarte ver que nunca, en ningún momento, dejaste de importarme.  Que temí perderte (incluso haberlo hecho ya). No tomes cuando uso la palabra "destrozar" como algo a esquivar. Ni se te ocurra pensarlo. Es el destrozo que le da sentido a todo. El destrozo-causa. Y eso que basar la vida en sí en un amor (casi) imposible es una completa mamarrachada. Pero díselo al tiempo que pasé (y pasaré) pensándote sin siquiera tener la menor intención de comprenderlo (o sufrirlo). Te echo de m...

Caída libre o Y si acaso una pregunta [edificios de renombre].

Si te soy sincero. Tienes todo lo necesario para adorarte cada noche. Eres el descaro justo que invita a echarlo todo a perder. La sonrisa de otros años, de otras tardes. Y esa forma de mirarme mientras bailas. Si te soy sincero. La mentira es el regalo; si crees que no lo dejaría todo por ti, tan pronto. Si crees que no entregaría todo lo que soy y todo lo que pueda ser. (No atraparé tu nombre ni un segundo.) La mentira es lo único.

El que escribí justo a tiempo.

En busca del café de las dos cincuenta y tres. De golpe el camino ha crecido en posición vertical. Alivio, tal vez por haberse perdido la razón concreta del avance y andar en círculos [cada cual cumpliendo propiamente la dimensión áurea, sea dicho]. (Y esta fe calcada en su lucha por hacer valer el paso siguiente, por la respuesta). -La pieza sagrada que dejes en pie servirá; ya hice religiones de cada persona. [El templo tomado no limita] El amargo dolor de echarte de menos aun teniéndote al lado. Aquel dolor quedó en nada, al comenzar a echarme de menos por tenerte al lado.

Por el frío.

Este denso despertar que auguras. El animal de la superficie como hábitat eterno. Terminará por irse, si ha. Los pedazos que anidaron la duda de si sirve, de si vuela o siquiera nace ante el deshielo vivo. El saberse frágil y enclenque a cada paso ante la nueva canción. Ante ese nuevo artista. [Y yo tan lejos de ti. Y yo tan osado a acercarte por hacer años los minutos que queden.  Por hacer vida los minutos que queden.] Y la caída libre que resultó no serlo, por la coraza y el corazón del 'absolutamente nada nuevo' que resultó ser falso. -La primera (y única) mentira mesías de paz. [A pesar. El animal que viste. No puedes igualar ni de lejos la vida. Pero puedes tenerme; no al animal que viste.]

El sagrado remite: el nervio.

El sagrado remite. La evolución del segundo siguiente y su giro. Aferrado a la victoria. El despertador dejó de repetirse, no por cansancio, no por razones de peso. El verano, el paisaje, las dudas. Tan estáticos que debieran asustar. Los recordaba vacíos. Los recordaba impropios. La canción. El desperdicio de la huida por temor al sinsentido. El merecido sentido. La reconciliación final con el desastre. El espacio compartido. [Me he dado cuenta de que en realidad este cuarto no es tan pequeño. Ni el poema tan breve. Es la vida que es enorme.] El sabor de cada letra. El futuro perfecto para cada cual. Confundía la calma del aire con silencio y nervios, cuando era paz.